El diario económico
del negocio del deporte

Los clubs de fútbol llevan años acostumbrados a estar en el foco mediático. Lo que no habían asumido era a estarlo por primera vez en el de la Agencia Tributaria, que ha situado al mundo del deporte y el entretenimiento en el centro de sus inspecciones. No es una cuestión casual, ante una sociedad necesitada de observar un Estado que actúa igual ante cualquier contribuyente.

Si bien no puede cuestionarse la mayor persecución de irregularidades en estas dos industrias, creemos que es aconsejable instar a una mayor flexibilidad de Hacienda en el cobro de la deuda histórica que arrastran los clubs con el Fisco. Por dos motivos: primero, que esos compromisos pendientes de pago no se habrían generado sin la permisividad del propio Estado durante años por miedo a poner en vereda a un deporte que mueve masas; segundo, porque su intransigencia podría provocar que de los 564 millones que se le adeudan, una buena parte sea irrecuperable ante la liquidación de los clubs.

La Liga de Fútbol Profesional (LFP) ha puesto en marcha un mecanismo de control presupuestario para asegurar que esa deuda quedará saldada en el medio plazo, de manera que los clubs destinan una parte de sus ingresos a liquidar ese agujero (la última temporada, según Hacienda, éste se redujo de 663 millones a 564 millones de euros). Es un esfuerzo encomiable que, sin embargo, muchos clubs no pueden asegurar cada año. Y aquí es cuando aparecen noticias sobre riesgos de desaparición de clubs como Osasuna, Zaragoza o Espanyol si Hacienda no se aviene a negociar un nuevo calendario de pagos.

Nadie reclama quitas, sino alargar el pago de unos compromisos que se arrastran desde hace más de diez años mientras los clubs avanzan en su profesionalización. Cabe recordar que instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) han exigido al Gobierno que Hacienda y Seguridad Social sean más flexibles en las refinanciaciones del pasivo de las empresas que están en concurso de acreedores. Y los clubs de fútbol, aunque no haya sido hasta hace pocos años, también están empezando a funcionar como lo que son, empresas.

Por lo tanto, debería hacerse una reflexión sobre esta cuestión y, por qué no, alcanzar un gran pacto entre Hacienda y los clubs para que puedan beneficiarse de un plan de pagos asumible para todas las entidades. Saldrían ganando todos: la Agencia Tributaria, los clubs y, por qué no decirlo, los aficionados.

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