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El Real Decreto que regulará la venta centralizada de los derechos de televisión de La Liga permitirá probablemente mejorar los ingresos de los clubes, pero su eterna negociación por ahora sólo ha servido para una cosa: evidenciar la maltrecha situación del fútbol español a nivel institucional. Lucha de intereses, desconfianza mutua entre los distintos actores y una pugna soterrada por ver quién tiene realmente el poder en España sobre este deporte.

El que más fuerte está apostando en esta partida es Ángel María Villar, presidente de la Real Federación Española de Fúbtol (Rfef). Más de veinte años en el cargo y, por ende, de control sobre el reparto de las subvenciones entre las delegaciones autonómicas, le han dado un poder absoluto sobre el deporte de base que ahora quiere utilizar en la negociación de los derechos de televisión. Hasta el punto de ser capaz de dejar plantado al Gobierno y a la Liga de Fútbol Profesional (LFP), que preside Javier Tebas, por considerarse maltratado.

La Federación quiere sacar tajada del nuevo escenario que se abrirá y pide quedarse entre un 4% y un 5% de todos los ingresos por televisión, frente al 2% que proponía el borrador del Consejo Superior de Deportes (CSD). Villar sabe que tiene el respaldo de las federaciones autonómicas, pero está por ver si Tebas finalmente conseguirá que los clubes de Primera y Segunda División rompan por fin con el dirigente, que también es sabedor de tener el apoyo de la Uefa y la Fifa.

La posición de los equipos, que deberá definirse en la asamblea de hoy, será determinante de cara a las elecciones de 2016, en las que Villar podría optar a una nueva reelección. Pese a contar con menos votos, una ruptura definitiva entre la LFP y la Rfef podría ser el punto de inflexión que necesita este deporte para volver a caminar unido y afrontar los retos que realmente son importantes: saneamiento económico, profesionalización de la estructuras, erradicación de la violencia y construcción de un sistema de competición que mantenga a España como potencia futbolística.

¿Una quimera? Quizás, pero no deja de ser la petición de que este país sea capaz de seguir conductas similares a las de otros países, como Francia, Alemania o Reino Unido. Sus ligas han sido capaces de autoorganizarse y alcanzar acuerdos sinceros y respetados sobre la financiación de este deporte. La decisión está en manos de los clubes, pero también de las federaciones autonómicas que deberían ver en el Gobierno a un aliado y no a un enemigo, porque la transparencia es una demanda de la sociedad que obliga a todo receptor de ayudas públicas a justificar en qué se gasta el dinero.

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