El diario económico
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Palco23 Sí a la gestión empresarial de los clubes de fútbol y el resto de entidades deportivas. Con todas sus consecuencias, pero también con todos sus matices. Porque tratar a una entidad deportiva como si fuera una empresa más no comporta otra cosa que aplicar el criterio de estabilidad presupuestaria. En los últimos años hemos visto las consecuencias de querer contraponer la gestión frente al balón, como si el rigor económico estuviera reñido con el gol o con el compromiso social. ¿Acaso la SD Eibar no representa la esencia del fútbol?

Aplicar criterios empresariales no implica despedir a un jugador por sus problemas de salud o no tener en cuenta las implicaciones sociales de cada decisión. Baste como ejemplo que las cooperativas y las empresas de inserción no dejan de realizar acciones que probablemente tienen un impacto negativo en su cuenta de resultados, siempre y cuando no afecte a la estabilidad presupuestaria. El problema está olvidar la necesaria rentabilidad o buscar un excesivo lucro. El equilibrio, al igual que la victoria, es el difícil objetivo a cumplir.

Los grupos de aficionados que atribuyen a las SAD los problemas de sus clubes deberían asumir que precisamente el hecho de ser una mercantil, unido al cada vez mayor control económico del Consejo Superior de Deportes (CSD) y La Liga, es lo que más garantiza la supervivencia de los equipos. Otra cuestión, cada vez más presente, es la necesidad de implicar más a los socios y abonados en la planificación estratégica.

Ello supone que los aficionados no se preocupen únicamente de lo que sucede el fin de semana sobre el terreno de juego. Si de verdad aspiran a una redemocratización del fútbol, debe asumirse una mayor voluntad de entender la situación contable del equipo al que animan y de cuándo puede abordarse o no una operación. Lo mismo sucede con los accionistas, que si bien tienen derecho a buscar cierto rendimiento económico a sus inversiones, deben asumirse que éstas al final acaban teniendo ciertos tintes filantrópicos.

El fútbol tiende hacia una mayor profesionalización de la gestión y eso es irremediable cuando se habla de presupuestos que superan los 5 millones de euros. A partir de ahí, es obvio que el futuro pasa por la búsqueda de mecanismos que permitan a los aficionados disponer de una mayor participación en el día a día de los clubes, sin que ello suponga un menoscabo para los accionistas que en su día invirtieron dinero propio para mantener vivo a su equipo.

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