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Marc Menchén Peter Lim no ha logrado sacar de los números rojos al Valencia CF en su primera temporada como máximo accionista, pero el multimillonario singapurense sí ha sabido jugar con la ingeniería contable para evitar unas pérdidas récord de más de 40 millones. Al final, la campaña 2014-2015 se acabó cerrando con unas pérdidas de 2,5 millones de euros, que duplican a las del ejercicio anterior, después de que la cifra de negocio recurrente cayera por segundo año consecutivo y se situara en 81,09 millones (-8,16%), según la memoria anual a la que ha accedido Palco23.

La mala evolución del club en la última temporada, sin embargo, no se puede atribuir a Lim, que de hecho ha evitado males mayores gracias a la reestructuración de la deuda y la inyección de recursos adicionales. Todo se debe a la gestión del pasado, en la que el Valencia se contagió de las peores prácticas que fomentó la burbuja inmobiliaria: excesivo apalancamiento para acometer operaciones y demasiado atrevimiento con las especulaciones urbanísticas esperando un futuro beneficio económico que, al final, sólo ha provocado pérdidas.

Peter Lim Nuevo Estadio Valencia 650

Una de las primeras visitas de Peter Lim tras comprar el Valencia CF fueron las obras del estadio. /Valencia CF-Lázaro de la Peña

A mediados de la pasada década, al calor del ladrillo y con el constructor Juan Soler como máximo accionista, el Valencia quiso promover dos grandes proyectos: un nuevo estadio en la ciudad y la puesta en marcha de una Ciudad Deportiva en el municipio de Riba-Roja, donde también se incluía la construcción de viviendas por parte de la inmobiliaria Nozar. La primera obra quedó paralizada por la falta de dinero del club para acometerla y la segunda ha sido tumbada por la Justicia. Y este año se ha tenido que sanear el balance para soltar lastres del pasado.

El estado del esqueleto de hormigón que hoy es el futuro hogar del Valencia CF ha obligado al consejo de administración a deteriorar el valor del activo en 29,2 millones, de los cuales 19 millones han impactado en la cuenta de resultados de la temporada 2014-2015 y otros 10 millones se han aplicado contra reservas porque consideran que se debería haber aplicado la corrección en ejercicios anteriores. “Una vez se retomen las obras del estadio habrá más certidumbre para evaluar la recuperabilidad de dicho activo en base al valor en uso””, admiten en la memoria, tras recordar que “no había tenido actividad en los últimos años”.

El objetivo del magnate es que la instalación esté lista en 2019, coincidiendo con el centenario, momento en el que podrán saber más sobre “la recuperabilidad de dicho activo”, ya que su calificación y los posibles usos que puedan darse a los terrenos que no se utilicen y de los que serán propietarios podría generar nuevamente negocio a futuro. Totalmente al contrario de lo que sucede con los terrenos de Porxinos, después de que el Tribunal Supremo tumbara a finales de 2014 definitivamente el plan de actuación integrada; ello ha obligado a un deterioro de inmovilizado por 2,8 millones, provisionado determinadas contingencias legales por 6,2 millones y abonado ya 10,5 millones por la regularización de las cuotas de urbanización que habían pagado los propietarios de los terrenos donde se iba a desarrollar el proyecto.

Son dos operaciones ajenas al negocio recurrente del club, pero que desde hace años hipotecan el día a día de la entidad, y que en la última temporada podrían haber llevado al club a pérdidas récord. Sin embargo, el saneamiento aplicado de la mano del auditor EY ha ido acompañado de un apunte contable de 53,1 millones provocado por la refinanciación de deuda y que ha permitido situar en mínimos los números rojos.

 

La reestructuración, que principalmente afectaba al crédito de Bankia para la construcción del nuevo estadio, se ha traspasado a largo plazo y con tipos de interés diferentes, por lo que se han anotado “contra la cuenta de pérdidas y ganancias la diferencia entre valor en libros del pasivo financiero original y el valor razonable de la nueva deuda”. Además, esta misma entidad y CaixaBank aceptaron que 61 millones se cobrarían en función de la evolución del ebitda del Valencia, de manera que la quita se conocerá pasado un tiempo.

Toda este serie de operaciones, algunos con impacto real en las arcas del club y otras meramente contables, se produjeron en un año por la ausencia de patrocinador principal para la camiseta, la no disputa de competiciones europeas y una completa renovación de plantilla. Es decir, más gastos y menos ingresos en una cuenta de resultados donde los derechos de televisión, con 48 millones de euros, son el principal sustento del Valencia, ya que es la única partida estable.

Los ingresos por competiciones se desplomaron un 57%, hasta los 5,6 millones, porque un año antes se jugó la Europa League, mientras que las ventas por comercialización y publicidad cayeron un 2,9%, hasta 15,43 millones, por el fijo más bajo que garantiza Adidas respecto a Joma, entre otros factores. En este sentido, la memoria también revela el pago de 1,7 millones a la marca toledana por la rescisión anticipada del contrato.

El club sí logró una mejora por socios y abonados, con 11,98 millones (+8,29%), pero sigue lejos de los 14,84 millones de la 2012-2013, cuando se jugó la Champions League. También se obtuvieron mejores plusvalías por el traspaso de futbolistas, ya que las salidas de Mathieu, Bernat y Carles Gil, entre otros, dejaron un saldo neto de 34 millones, frente a los 22 millones de un año antes por este concepto.

En cuanto a los gastos, el Valencia destinó un 10,4% más a salarios, con un total de 64,3 millones. El club atribuye este incremento al aumento del personal (se ha pasado de 312 a 360 personas en una temporada), así como a una partida de 4,1 millones destinada a las primas por la clasificación para la Champions League y la rescisión de los contratos del director comercial, Luis Vicente Owens, el director deportivo, Francisco Rufete, y parte de su staff. En este sentido cabe advertir del riesgo que supone el hecho de que salarios y amortizaciones de la primera plantilla supongan 74 millones, equivalente al 91,7% de la cifra de negocio.

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