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M.M.A. Nadie duda de que el principal problema del RCD Espanyol es el excesivo endeudamiento acumulado por la construcción del nuevo estadio y cómo eso ha hipotecado su futuro. Fuentes del club, uno de los pocos que ha logrado no suspender pagos e ir pagando todos sus compromisos, admiten trabajar con un pasivo “desestructurado”, lo que cada año se evidencia en un aumento de los gastos financieros y, de hecho, también en su endeudamiento. En la última temporada, los compromisos pendientes de pago se elevaron un 6% y alcanzaron los 185,74 millones de euros.

El principal problema del club blanquiazul es la deuda tributaria a corto plazo, que prácticamente se duplicó y se situaba en 27,14 millones de euros al cierre de la temporada 2014-2015. A largo plazo, al menos, lo que se le deba a la Administración se ha rebajado de 35,99 millones a 26,56 millones. Una reducción que no ha sido suficiente, ya que los recargos por apremio han supuesto 850.000 euros y han arrastrado a la entidad a pérdidas.

De los 54 millones que deben a Hacienda, el Espanyol ha logrado el aplazamiento de 48,171 millones, de los que 21,6 millones deberán devolverse ya esta temporada 2015-2016. Al mismo tiempo deberán hacerse frente a los impuestos que se generen en el actual ejercicio, para lo que el grupo chino Rastar, que ha acordado la compra del club, asegura que ya ha adelantado un crédito de 12 millones. La próxima campaña deberán devolver 17,25 millones y en la 2017-2018 otros 9,3 millones.

 

El problema con el Fisco va más allá, ya que el club tiene activadas en el balance actas liquidadas y pendientes por un importe satisfecho de 16,36 millones, pese a que ya han sido desestimadas sus reclamaciones en último recurso. Es una de las cuestiones de las que advierte el auditor con una salvedad, ya que de eliminarlas del activo la entidad estaría en quiebra técnica. Quizás por ello, más allá de créditos puente, la plataforma Genética Perica, que agrupa a más del 20% del capital, ha propuesto una ampliación de capital de entre 20 millones y 30 millones de euros.

La deuda podría ser más abultada de no ser porque la dirección que encabeza Joan Collet ha ido salvando obstáculos a base de nuevo endeudamiento. Sólo en el último año ya tuvo que recurrir a préstamos de fondos de inversión y similares por unos 15 millones de euros, con intereses que oscilan entre el 5% y el 10% y que son los que han hecho los costes financieros en la temporada 2014-2015 se duplicaran y superaran los ocho millones.

La evidencia de la urgencia de estos créditos no es solo el interés cobrado, sino también lo cortoplacistas que son y que ninguno de los consejeros han querido seguir aportando capital. Uno de dos millones de dólares debía devolverse al final de la misma temporada, otro 3,25 millones debía liquidarse entre septiembre y agosto de 2016, y otros 10,5 millones recibidos en la recta final de la temporada se deberán amortizar entre enero y junio del próximo año.

En este contexto, uno de los menores problemas es el crédito sindicado, del que se han amortizado otros dos millones en el último curso. Aún quedan pendientes 40,415 millones de euros; de éstos, un total de 13,7 millones restan por amortizarse hasta 2026, por 16,75 millones hasta 2033. En cuanto a los pagos pendientes de la UTE que asumió la construcción del estadio, el club ha refinanciado esa deuda y este año no ha afrontado ninguna cuota de una deuda de 12,78 millones. Sí se han reducido sensible los pasivos de urbanización, que han pasado de 7,58 millones a 5,41 millones de euros.

 

Sí se ha reducido notablemente la deuda con otros clubes, ya que ha pasado de más de nueve millones a casi seis millones de euros, con el Real Zaragoza como principal acreedor con operaciones que se remontan a traspasos de jugadores que ni siquiera visten ya de blanquiazul, como Sergio García.

Muchos de estos pasivos están garantizados con los terrenos de Sant Adrià del Besós, a las afueras de Barcelona, donde el Espanyol tiene su Ciudad Deportiva y una parcela con la que asegura que podría ingresar 30 millones de euros. Se trata de una operación que primero requiere de tramitación urbanística y de la que el club lleva años hablando sin que, por ahora, se haya producido una negociación formal para su venta. Eso sí, en el momento en que se venda se podrán solucionar casi de un plumazo todos los problemas a corto plazo.

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