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M.Menchén El Real Zaragoza es uno de los clubs que más preocupan en la industria del fútbol, con un elevado endeudamiento con la Agencia Tributaria y dificultades para lograr un ascenso a Primera División que en los últimos años ha supuesto un balón de oxígeno para rivales como Sporting de Gijón, Deportivo de la Coruña o CA Osasuna. En el caso del conjunto maño, la temporada 2015-2016 permitió apuntalar el resultado neto, que alcanzó los 3,9 millones de euros, pero apenas sirvió para rebajar su apalancamiento.

El negocio de la entidad mejoró en todas sus líneas de negocio, tanto ordinarias como extraordinarias, ya que las plusvalías por traspasos se doblaron y alcanzaron los 5,3 millones de euros. A este importe se le suman 14,6 millones de su actividad recurrente, lo que supone un crecimiento interanual del 47,5%, con la televisión como principal sustento con 5,7 millones (+25,6%).

Real Zaragoza Jugadores 650

La Liga ha bajado de 6,8 millones a 5,2 millones el tope salarial del primer equipo para esta temporada.

Se trata de un ritmo de crecimiento similar al experimentado en las cuotas de socios, que generaron 3,3 millones tras rebasarse por primera vez los 20.000 abonados en esta nueva etapa en Segunda División. Las ventas de entradas en taquilla también crecieron a doble dígito y ascendieron a 998.099 euros, mientras que el área comercial más que dobló sus ingresos, hasta 4,6 millones, en el primer ejercicio con Adidas como socio técnico y con el contrato de patrocinio principal con Saphir a pleno rendimiento.

La buena marcha del negocio real de un club de fútbol permitió no sólo compensar la ausencia de ingresos atípicos que en los últimos años habían ayudado a equilibrar el presupuesto en mayor o menor medida, sino que también favoreció un aumento del gasto en salarios. El club, que finalmente no logró clasificarse para la fase de ascenso a la Liga Santander, destinó algo más de nueve millones al pago de nóminas, un 21,7% más.

La mayor capacidad de inversión en el primer equipo también se debió a un fuerte ajuste en el resto de gastos de explotación, que se recortaron un 43%, hasta 4,6 millones de euros. Una política de contención que afectó tanto a desplazamientos, como a los costes asociados a las adquisiciones de jugadores y los demás gastos corrientes. Las amortizaciones, fruto de los fichajes, bajaron un 5,9%.

La fuerte mejora de la cuenta de resultados, sin embargo, todavía es insuficiente para dar un impulso a la limpieza del balance, que arroja una deuda neta de 76 millones de euros, según el sistema de cálculo. Ello apenas supone una reducción de unos tres millones en comparación con 2014-2015, y básicamente por un aumento de las deudas que tiene a cobrar por la venta de jugadores, ya que el pasivo real se ha estancado en 82,9 millones.

 

Las dificultades para generar suficiente caja en esta tesorería para cancelar compromisos explica por qué el club ha estado batallando durante los últimos para conseguir que en octubre se aprobara la modificación del convenio de acreedores, con la que ha ampliado el plazo de devolución de los compromisos pendientes. El consejo de administración que preside Christian Lapetra defendió entonces que “esta medida se engloba dentro del plan de refinanciación empezado a finales de la temporada 2015-2016 y que busca el objetivo de dar la estabilidad financiera al Real Zaragoza en Segunda División”.

El principal acreedor de la entidad es la Agencia Tributaria, con la que alcanzó un acuerdo en 2015 para que las cuotas bajaran a 2,3 millones anuales mientras estuviera en Segunda, cifra que subiría a 3,7 millones de euros en Primera. Además, como en muchos otros acuerdos singulares, se fijó el compromiso de destinar parte de las plusvalías por traspasos a amortizar deuda.

Los pasivos a corto plazo con Hacienda a 30 de junio de 2016 se situaban en 6,6 millones de euros, de los que más de 5 millones correspondían al concurso de acreedores, cifra similar a la del ejercicio anterior. En cuanto al largo plazo, sí que ha habido una reducción, de 24,9 millones a 20,3 millones de euros, íntegramente correspondientes al crédito privilegiado y, por lo tanto, no sujeto a esperas.

Entre los acreedores también hay bancos (13 millones) y clubs de fútbol (11 millones) y trabajadores (7,9 millones), que ya saben que tardarán varios años en cobrar. La única vía para acelerar este proceso sería el ascenso a Primera, que se ha resistido en los últimos años, y por el que nuevamente vuelven a luchar: a día de hoy, son décimos en la clasificación y a cuatro puntos del ascenso directo.

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