El diario económico
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M.Menchén El deporte sigue en constante evolución y continuamente aparecen nuevas iniciativas. Una de las últimas son las series internacionales TCR, una nueva competición de turismos que este año celebra su segunda edición tras obtener en 2015 la aprobación de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). ¿La cabeza pensante? Marcello Lotti, un veterano de las competiciones de automoción y que hace veinte años ya creó el World Touring Car Championship (WTCC).

Uno de los motivos por los que impulsó un nuevo formato es que “los costes de desarrollo de los coches se estaban disparando”, según explica su director comercial, Alberto Puig. Con el paso del tiempo, el precio de cada coche que corría había incrementado hasta una horquilla de entre un millón y dos millones de euros, lo que podía suponer hasta los 40 millones el presupuesto de cada equipo. “Dependían mucho de que los constructores invirtieran”, argumentan.

TCR Series Singapur 650

La gestora de TCR estima el coste anual por coche y piloto en un máximo de 450.000 euros.

Ahora se busca lo contrario, es decir, de alguna forma democratizar las carreras de turismos y hacerlas más accesibles a corredores e ingenieros que no estén vinculados a un fabricante de automóviles, que en las TCR no pueden tener su propio equipo. “Todos son privados y el precio está limitado a en torno los 120.000 euros”, explica. A partir de ahí, los participantes pueden introducir innovaciones cada nueva temporada, mientras que la renovación de coche sólo puede ser cada tres años. En total, calculan que los costes para un equipo son de entre 300.000 euros y 450.000 euros por piloto, incluido el coche, en las series internacionales.

Pese a la decisión de no permitir que haya escuderías oficiales, Puig asegura que han concebido TCR como “un negocio para los constructores”, porque confían en favorecer que vendan más vehículos en un “campeonato asequible para pilotos y equipos”. Los modelos que se utilizan en las carreras deben desarrollarse a partir de los de serie y, según estimaciones de la organización, “puede haber un negocio de unos 500 coches”, cuya vida útil en competición es de unos cinco años en los que pueden pasar a venderse al mercado secundario para competir en las distintas categorías.

Puig asegura que “el concepto Nascar es el que nos inspira; ellos tienen cinco carreras al mes y si hacemos lo mismo se hablaría mucho de TCR”. Saben que su desafío es abrirse hueco en el fuerte mercado de las carreras de coches, donde sigue mandando la Fórmula 1, siguen fuerte los rallies y el WTCC sigue funcionando. Para ello, han creado una estructura de tres niveles, en la que mandan las series internacionales, pero también hay continentales y nacionales.

La primera división está formada por once carreras este año, y la intención de los organizadores es que no sean más de doce por temporada. Un peldaño por debajo están los campeonatos regionales en Europa, Asia y América, con hasta ocho carreras; en este último continente, además, han conseguido que se inicie el próximo 30 de octubre en México, coincidiendo con la celebración del Gran Premio de Fórmula 1 en el país azteca.

En un nivel inferior, ya estarían las pruebas nacionales con un máximo de seis. En este segmento quieren potenciar la franquicia, de manera que sean gestores con amplio conocimiento de las singularidades de cada país los que se encarguen de la gestión. Ya existen doce campeonatos de este tipo, que van de China a España, pasando por Alemania y Rusia. De cara a 2017, además, ya se han firmado acuerdos en Escandinavia y los países del Báltico.

 

Obtener notoriedad mediática

Puig explica que “en la medida que podamos intentaremos unificar los calendarios” con la F-1, algo que deberán negociar directamente con Formula One Management (FOM), ya que tanto las pruebas internacionales como regionales las gestionarán directamente. Además, de la de México, las pruebas de Bahréin, Malasia y Singapur también se celebrarán la misma semana del que hoy es el mayor evento de motor a nivel global.

La empresa gestora de las TCR, que emplea a una veintena de personas, admite que su principal desafío ahora mismo es obtener notoriedad mediática, para lo que necesitan elevar su inversión en marketing y buscar socios audiovisuales. “La audiencia acumulada en todo el mundo ha sido de más de dos millones de personas; en 2015 ya empezamos a ofrecer en streaming todas las pruebas y ahora estamos en Facebook Live”.

Será una cuestión determinante para potenciar la captación de patrocinadores, tanto para las series como para los equipos. A día de hoy están marcas habituales en este deporte, como Red Bull, Liqui Moly o Hankook. A nivel de automovilísticas están Audi, Seat, Opel, Peugeot, Alfa Romeo, Honda y Volkswagen, entre otros.

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