El diario económico
del negocio del deporte

Pablo Picazo, socio de Auren Hace pocas semanas conocíamos la noticia de que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), ante la demanda presentada por el CB Tizona de Burgos, va a estudiar si la normativa de la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB) infringe o no el derecho destinado a defender la libre competencia. El expediente sancionador abierto tendrá que dilucidar si los requisitos económicos que deben reunir los clubes para participar en la Liga ACB se ajustan a derecho o representan una situación de abuso de posición dominante que distorsiona la competición.

El club de baloncesto Tizona de Burgos no pudo ascender a la máxima categoría en los tres últimos años por no cumplir los requisitos financieros y, por tanto, no cumplir con el polémico canon de inscripción -unos tres millones de euros que la ACB exige a los equipos recién ascendidos-. En este sentido, al equipo burgalés y a sus seguidores les parecerá lo más lógico que Competencia se pronuncie a favor del derecho a participar en la máxima competición española sin que determinadas trabas económicas neutralicen los méritos deportivos. Y no sólo a ellos, porque igual que el Tizona, ha habido otros clubes que, habiendo ganado por su clasificación deportiva plaza de ascenso a la Liga ACB, no han podido materializar ese ascenso por no reunir los requisitos económicos establecidos por esta Asociación que tiene, conforme a la Ley del Deporte, delegada la organización de la competición del baloncesto profesional en España por la Federación Española de Baloncesto (FEB).

Mientras tanto, la Euroliga -máxima competición europea controlada por la compañía privada Euroleague Basketball- y la propia Federación Internacional de Baloncesto (Fiba) redoblan sus esfuerzos para implantar sus modelos de competición a escala europea, intentando atraer a los clubes más poderosos de Europa con la oferta de grandes cantidades de dinero por su participación y garantizándoles su presencia a largo plazo sin la necesidad de clasificarse en las canchas  de juego. Es decir, a través de contratos o licencias fijas que no tendrán otros clubes que verán su participación muy restringida y a expensas de unos méritos deportivos cuya consecución queda -a su vez- condicionada por esa discriminación.

Así las cosas, mirando a Europa, es patente el contraste entre la felicidad de los clubes y seguidores del Real Madrid, FC Barcelona y Baskonia de Vitoria y el disgusto del resto de los clubes de la ACB y sus seguidores por quedar excluidos de esa competición, que es ya un selecto coto prácticamente cerrado y que se cerrará aún más. Los clubes no licenciados para la principal competición europea, bien sea organizada por la Euroliga o por la Fiba, verán restringido su acceso a la misma y no porque no puedan conseguir logros deportivos en la cancha, sino porque aun consiguiéndolos, no les servirán para obtener plaza.

Todo esto con el agravante de que la retribución económica garantizada a los clubes que participarán en la competición europea aumentará la brecha de potencial económico entre unos clubes y otros, ahondando en un desequilibrio que condiciona, casi hasta la adulteración, la competición deportiva española.

En este análisis no pueden pasar desapercibidas las posiciones de la FEB y de la ACB, cuyos papeles en este escenario deberían ser acordes con las funciones que tienen encomendadas, salvaguardando el interés general y evitando ser presa de conflictos de intereses partidistas o, lo que es peor, de intereses particulares. Evidentemente, el Consejo Superior de Deportes (CSD)  tendrá algo que decir al respecto.

Resulta curioso que la FEB aparezca alineada con la Fiba, competencia directa de la Euroliga, y que la ACB tenga en su seno la patata caliente de plantearse su posición respecto a ambas organizaciones, considerando la preeminencia de tres de sus socios más influyentes, como son el Real Madrid, Barça y Baskonia, y acaso tratando de evitar lo que se presenta como un claro abuso de posición dominante.

Si para que no falte de nada aderezamos la reflexión sobre el tipo de entidad que es cada una de las implicadas (FEB, ACB, CSD, Fiba y Euroliga) y nos preguntamos si el marco jurídico que debe prevalecer a la hora de enjuiciar sus actuaciones y relaciones es el público o el privado, el lío alcanza dimensiones propias de la envergadura de los mejores pívots de la NBA.

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