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M.Menchén España ya tiene un verdadero gigante de la televisión de pago. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha aprobado la operación por la que Telefónica se hace con el control absoluto de Canal+ gracias a la compra del 56% que estaba en manos de Prisa. Ahora sí, el grupo de telecomunicaciones tiene vía libre para crear una oferta que permita incrementar considerablemente la base de clientes de Movistar.

Eso sí, el órgano regulador ha establecido distintas condiciones para evitar un abuso de su posición dominante. Por ejemplo, Telefónica deberá permitir que sus competidores en el negocio de la televisión de pago puedan acceder a un máximo del 50% de los canales que integren la oferta mayorista de Movistar TV, incluido contenidos premium como el estreno en exclusiva de películas y series de televisión, así como la retransmisión en directo de eventos deportivos.

No es una cuestión baladí, ya que quiere decir que Orange o Vodafone, por poner un ejemplo, podrán comprar a precios regulados los derechos para emitir en directo La Liga o los mundiales de MotoGP y Fórmula 1, así como series del nivel de Juego de Tronos. Son contenidos vitales para Telefónica, ya que suponen el principal gancho para captar clientes hacia su plataforma de televisión de pago.

La única ventaja para la compañía presidida por César Alierta es que “la explotación en exclusiva de los contenidos que adquiera Telefónica queda limitada a dos años y a determinados tipos de ventanas de emisión, mientras que otras ventanas (como las emisiones en Video Bajo Demanda de películas y series de catálogo) la entidad resultante no podrá adquirir contenidos en exclusiva”.

Es decir, que el grupo de telecomunicaciones dispondría de dos años de margen para fidelizar a sus clientes. Eso sí, no tendrá opción a establecer las habituales cláusulas de permanencia para evitar su posterior fuga a otras plataformas de pago, ya que otra de las condiciones impuesta por la CNMC es que “Telefónica se compromete a no entorpecer la movilidad de sus clientes actuales y futuros de televisión de pago con el establecimiento de limitaciones a las políticas de permanencia y retención de clientes. Concretamente, tramitará las solicitudes de baja de sus clientes en un período limitado de tiempo (máximo de 15 días para clientes de servicios no empaquetados, por ejemplo).

Cabe recordar que Telefónica ha apostado fuerte por esta operación, hasta el punto de haber desembolsado en torno a 1.020 millones de euros por hacerse con el 100% de la compra de Distribuidora de Televisión Digital (DTS), la empresa que gestiona Canal+. Se trata de un paso que realiza en paralelo a su ofensiva en el negocio de las retransmisiones deportivas, donde ya ha adquirido derechos tan relevantes como MotoGP, Fórmula 1 y está en la línea de salida para pujar por La Liga una vez se aprueba la venta centralizada de sus retransmisiones a partir de la temporada 2016-2017.

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