El diario económico
del negocio del deporte

M.M.A. Josep Maria Bartomeu (1963) accedió a la presidencia del FC Barcelona en enero de 2014, relevando a una fuerte personalidad como la de Sandro Rosell. Nadie discutía el liderazgo del expresidente que había logrado conjuntar una candidatura llena de caras reconocidas en el empresario catalán y que le valió ser el presidente más votado de la historia. Sin embargo, muchas de estas personas no vieron en Bartomeu a alguien a la que tener que subordinarse. Muchos directivos fueron por libre hasta el día después del partido de Anoeta. El ratificado presidente tomó el timón, adelantó elecciones, aceleró decisiones complicadas (como el cese de Andoni Zubizarreta) y lo fió todo al equipo.

Al empresario barcelonés le salió bien la jugada. Jugó con las expectativas y la plantilla a la que se confió logró el triplete. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, que después complementó con un Executive MBA de Esade, Bartomeu ha potenciado su perfil de buen gestor, no sólo de corporaciones sino también de liderazgos. En unos meses ha logrado controlar a los versos libres que le exigieron convocar elecciones, ha sabido disciplinar algunos de los que han querido seguir hasta 2021 y hacerles remar en una misma dirección con un mensaje que parece claro: “yo soy el líder, sí, pero lo importante es que somos un equipo”. Es el argumento que ha jugado durante toda la campaña y que le ha valido para suplir un perfil más bajo respecto a los que lo fiaron todo a su figura, como Joan Laporta o Agustí Benedito.

Bartomeu cercano

Josep Maria Bartomeu, ayer tras conocer que había ganado las elecciones. /Lucas Garrido-FCB

Quienes lo conocen bien de su faceta empresarial como consejero delegado de Adelte no tienen dudas. “Bajo esa sonrisa bondadosa y de buenazo hay un empresario al que no le tiembla el pulso, metódico e inagotable”, indican de él. Y en campaña lo ha demostrado, siempre con una sonrisa para posar con aficionados y hacerse una foto; siempre con tiempo para matizar cualquier punto del programa electoral con los medios; siempre con tiempo suficiente para no dejar de lado a su familia en las que probablemente han sido las semanas más intensas de los Bartomeu en los últimos años.

Casado y con dos hijos, el desconocimiento sobre su rol empresarial le presentaban como alguien sin criterio, sujeto a las ideas de Sandro Rosell. Sin embargo, no hay que olvidar que proviene de una familia de larga tradición y que ha sabido convertir una compañía catalana en uno de los referentes mundiales del negocio de pasarelas aeroportuarias. Y es que probablemente no hace falta ser altisonante para alcanzar consensos y hacer respetar su figura, al menos entre su junta.

Los que le critican esa tranquilidad y talante negociador (quizás empañado por la acción social de responsabilidad) es porque ello supone una falta de agresividad mediática que parece requerir la industria del deporte. Algo que se ha notado a la hora de defender los intereses del club tras la sanción de la Fifa o en el proceso judicial por el caso Neymar. Sin embargo, esa actitud conciliadora, incluso felicitando a sus rivales y haciéndose suyas algunas de las propuestas es la que le ha valido para ganar con mayoría absoluta.

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