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Marc Menchén Ipurua es probablemente uno de los estadios con más mística de Primera División. Sus apenas 6.300 localidades y su proximidad al terreno de juego evocan al fútbol más modesto y tradicional, y es algo que el SD Eibar no quiere perder o, al menos, hacerlo sin tener claro cuál sería su impacto económico y social. De ahí que el club haya contratado los servicios de Garrigues para evitar verse forzado a ampliar la capacidad de la infraestructura hasta los 15.000 asientos antes de que empiece la temporada 2016-2017.

Se trata de una obligación fijada en los estatutos de La Liga, que en su artículo 19 exige que los estadios “en Primera División deberán tener como mínimo un aforo de 15.000 espectadores y en Segunda División de 6.000″. La entidad presidida por Alex Aranzábal asume que “no podemos cumplirlo” y ha logrado evitar una obra faraónica en sus primeras dos temporadas en Primera División, aprovechando el plazo de dos años que se concede en el artículo 18 para adaptarse a los requisitos mínimos de la competición. Pero ahora saben que se entra en la recta final antes de que puedan desencadenarse los acontecimientos.

Eibar Ipurua 650

Ipurua, tras una primera fase de ampliación, dispone de 6.300 localidades.

El primer escenario con el que trabaja el club y que ya se ha explicado a los accionistas pasa por “promover la modificación de los estatutos de La Liga“, algo que debería pasar por la asamblea general y que entraña un riesgo cuanto más se demore la solución: al tratarse de votación secreta y exigir una mayoría reforzada de dos tercios, los equipos en riesgo de descenso por resultados deportivos podrían votar contra la modificación conscientes de que podrían salvar su plaza por un hipotético descenso administrativo.

El segundo escenario que el presidente ejecutivo y los abogados plantean es que nadie denuncie el incumplimiento y, por lo tanto, se establezca una especie de incumplimiento consentido por parte de todos los actores implicados, algo que resulta complicado de creer ante las implicaciones económicas que acarrea el descenso de categoría para un club, que podría ver su salvación en la denuncia de la infracción de los estatutos por parte del Eibar.

La tercera hipótesis es la que implicaría una denuncia por parte de otro club de la propia comisión delegada, momento en el que entraría en acción el Juez de Disciplina Social, que el pasado verano ya descendió al Elche CF por incumplir las normas de control económico. En este caso, el club teme un “riesgo de incidencias” que pueda desembocar en un reguero de sanciones económicas y, por acumulación, una infracción grave que acabe suponiendo el descenso a Segunda.

Ante esta situación, Aranzabal ha admitido a los socios que no quedará otro remedio que buscar un convenio de uso de otro campo que no sea el suyo, ampliar el aforo de Ipurua hasta las 15.000 localidades o, en caso de no poder asumir la inversión o no ver claro su retorno, renunciar directamente a una plaza en la élite del fútbol español.

A nivel arquitectónico, una hipotética ampliación de Ipurua no sería sencilla: el estadio está encajado entre el acceso del municipio a la autopista, dos calles peatonales y un campo de entrenamiento, por lo que se antoja complicado poder triplicar el tamaño actual de la instalación. El compromiso del club, incluido en su plan estratégico Ipurua Tallara, es alcanzar los 9.000 asientos en 2019, con la ampliación de la Tribuna Este en 1.100 butacas durante 2016 y de la Tribuna Oeste en otras 813 entre 2017 y 2019.

Ipurua Tallara Exterior

Recreación de la fachada de Ipurua una vez acabaran las obras en 2019.

El proyecto exigiría una inversión de 24 millones, de la que el club armero está dispuesto a asumir un 17% y confía en que la Administración colabore como ya ha hecho con otros equipos de la región. A cambio, el estadio pasaría a albergar un centro de formación e innovación en el deporte, un centro de interpretación y un aparcamiento abierto a la ciudadanía. Las negociaciones siguen abiertas, de ahí que el club no pueda asegurar al 100% que podrá ejecutar la inversión en Ipurua.

Si esta ampliación no fuera suficiente y debiera buscarse la cesión de uso de un campo alternativo, cabe señalar que en el País Vasco sólo hay tres estadios que cumplan las exigencias de La Liga: Anoeta, de la Real Sociedad, San Mamés, del Athletic Club, y Mendizorroza, del Deportivo Alavés. Está por ver si los dos conjuntos de Primera estarían dispuestos a compartir estadio, dado los convenios existentes con sus respectivas Administraciones para hacer uso exclusivo de los mismos. Lo mismo sucede con el club de Segunda, que además ahora se encuentra en posiciones de ascenso.

En cualquier caso, está por ver si tendría sentido que un municipio que no alcanza los 28.000 habitantes debe tener un estadio de fútbol en el que pueda caber la mitad de la población, cuando el tamaño actual parece ser acorde a la demanda. El Eibar ha rebasado por primera vez la cifra de los 5.000 abonados esta temporada, y Aranzabal, como apuntaba recientemente en una entrevista con Palco23, como mucho puede crecer en un radio de 25 minutos en coche, con una población estimada de 390.000 personas y muchos de los cuales ya son del Athletic o la Real.

Muestra de la ajusta oferta a la demanda es que Ipurua es el segundo estadio de Primera por ratio de ocupación, con un 83,8% y 5.280 aficionados de media en cada encuentro que ha disputado este año en casa. Estos registros sólo le sitúan por debajo del Real Madrid, que lidera estaba tabla con un índice del 84,4%, como revela el estudio publicado ayer por este diario sobre la asistencia a los estadios de la Liga BBVA.

Su situación contrasta con la de otros clubes como el Getafe CF, que sí amplió en su día el estadio en colaboración con el Ayuntamiento para cumplir todos los requisitos establecidos. Hoy el Colíseum Alfonso Pérez dispone de 17.000 asientos, pero su ocupación media este año sólo se sitúa en el 33,4% y apenas logra reunir a 600 personas más que el Eibar, pese a que le municipio roza los 175.000 habitantes. Otro caso a tener en cuenta sería el del Rayo Vallecano, con una instalación que roza pero no alcanza los 15.000 asientos, y que de media recibe 10.967 espectadores cada partido en Vallecas.

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