El diario económico
del negocio del deporte

Marc Menchén Uno de los grandes objetivos que se ha fijado La Liga es que los clubs regresen al mercado de financiación tradicional, después de unos años en que la crisis económica de España y la de credibilidad del propio sector ahuyentaron a los bancos, que limitaban su exposición a los dos grandes. “Una entidad nos llegó a decir que ya estaba suficientemente expuesto al fútbol por un patrocinio, sin entrar a valorar nuestra calidad crediticia ni el atractivo que tiene ahora este deporte por los controles externos”, recuerda un alto ejecutivo.

Los datos del Consejo Superior de Deportes (CSD) avalan esta percepción de que los bancos aún no se atreven a hacer negocios con los clubs, ya que su exposición alcanzó mínimos históricos en la temporada 2014-2015, hasta situarse en 570,73 millones de euros, un 10% menos que al cierre de 2014 y prácticamente la mitad en comparación con los 950,8 millones de euros que se registraron en la campaña 2010-2011. De ahí que la patronal haya intentado buscar alternativas de financiación.

Emirates Stadium Arsenal

El Arsenal recurrió a la emisión de bonos para financiar las obras del Emirates Stadium.

“Tenemos que ayudar a los clubs a encontrar otras vías para mejorar los tipos de interés”, explica Javier Gómez, director general corporativo de La Liga, que organizó un encuentro con distintas firmas que ya aprovechan o quieren aprovechar el atractivo de una industria altamente regulada. En este sentido, el ejecutivo asegura que las entidades “ya están preparadas para acceder a los mercados de bonos”, un escenario en el que Constantino Gómez, socio codirector mercado de capitales de Arcano, ve posibilidades.

En su intervención, recordó que buena parte de las cotizadas del Ibex35 ya tienen más deuda en circulación vía bonos que en préstamos bancarios, y también expuso el caso de muchos otros clubs de Europa que han utilizado está fórmula en alguna ocasión: Manchester United, Arsenal, Olympique de Lyon… “Esto también es posible en España”, enfatizó, entre otros motivos porque “aquí yo no puedo tener totalmente diversificada mi cartera, ya que sólo hay bonos del Tesoro y de grandes empresas”.

Eso sí, tanto para una emisión como una hipotética salida a Bolsa, Gómez advirtió de que no sólo basta con estar saneado. “Los que han salido a Bolsa ha sido para financiar algo; es una fuente de recursos para poder crecer y cumplir objetivos a medio-largo plazo”, comentó en referencia a que muchas de estas OPV (operación pública de venta) se realizaron para poder financiar la construcción de estadios. “Un inversor de Bolsa quiere un plan de negocio, imagen de control y transparencia”, recordó.

El socio de Arcano valoró positivamente la aceptación que una salida a Bolsa o una emisión de bonos tendría entre los inversores, ya que “el nuevo marco da una solidez al sector que es distinta” y “tenéis una base inversora ávida de encontrar oportunidades de inversión diferentes a las que ya hay”.

“España tiene un negocio futbolístico muy potente y un esquema legal que funciona a la perfección, no como pasa en Italia. Dinero para el fútbol hay y hay un exceso de liquidez, pero ¿en qué operaciones se mete el dinero?”, enfatizó Pablo Caro, representante en España de JG Funding, que ofrece financiación exclusivamente a clubs desde 2004. Además, recordó que incluso algunos mecanismos de cobro de la Fifa hace que sea aún más probable el cobro de una deuda con un club al que se le financió la compra de un jugador posteriormente vendido.

Gómez mostró ciertas dudas sobre la viabilidad actual que puede tener una ampliación de capital en un club de fútbol “por aquello de perder el control”, como han evidenciado las tensiones en Valencia por los problemas deportivas del equipo o la rebelión de una parte de Vigo ante la posibilidad de que Carlos Mouriño venda el RC Celta a un grupo chino.

 

Es un riesgo que no se correría con los bonos, que no deja de ser una financiación a más largo plazo que un préstamo (de cinco a diez años) y con un tipo de interés fijo en la mayoría de los casos. “Extiende el vencimiento medio del pasivo financiero y le quita riesgo a mi accionista”, añadió Ignacio de la Torre, también socio de Arcano, que también recordó que ahora se pueden emitir a partir de 20 millones.

En el caso de Segunda División, ante las menores necesidades individuales, abogó por que “se unan varios clubs para emitir bonos de más importe; aquí La Liga puede ejercer de paraguas”, dijo. Y, de hecho, ya se ha procedido de forma similar para que BBVA y Bankia prestaran 20 millones de euros, como adelantó Palco23.

En la industria española del deporte ya existen ejemplos de empresas que han salido al Mercado Alternativo de Renta Fija (Marf), aunque no juegan a fútbol. Se trata de la cadena de gimnasios Supera, que captó 45 millones de euros para refinanciar su pasivo y obtener liquidez adicional para acometer nuevos proyectos.

“Hay que pensar a tres o cuatro años vista y ahora es el momento de diversificar porque a partir de 2017 quizás es tarde”, recordó De la Torre, argumentando que en tres o cuatro años el mapa bancario se habrá reducido por nuevas fusiones y ya no habrá tanta liquidez por las medidas adoptadas por el Banco Central Europeo (BCE) para estimular la economía.

Estas opciones alternativas a la banca eran difícilmente posibles hace cuatro años, antes de la entrada en vigor de las normas de control económico y la firma de los nuevos contratos audiovisuales, que han acelerado el saneamiento de muchos equipos y la llegada de nuevos inversores. Hasta entonces, en muchas ocasiones se acabó recurriendo a fondos y bancos de inversión especializados en el mundo del balón y satisfechos por las altas rentabilidades. Macquaire, IBB, JG Funding….

“En un banco, el 90% de las personas que deciden sobre un crédito probablemente no hayan ido jamás a un partido de fútbol”, indicó Cristiano Faria, representante del banco alemán de inversión IBB, que acumula inversiones en esta industria por 600 millones de euros y sólo en 2016 ha realizado operaciones por 150 millones de euros. “Lo normal es que financiemos hasta el 80% de la operación, con un plazo de amortización de dos-tres años”, indicó.

Caro también quiso sacar pecho de la agilidad con la que pueden trabajar “alguien que conoce bien los riesgos del negocio y se juega directamente su dinero”. “Es un mercado que requiere rapidez y es muy cambiante. En un día, la fábrica puede quemarse con un descenso de categoría o multiplicar su capacidad si se mete en una competición europea. En nuestro caso, el récord fue empezar un lunes la negociación y firmarla el viernes”, recordó.

Faria, por su parte, admitió que aquellos deals con los que se sienten cómodos son los que implican clubs globalizados o que participan en torneos de la Uefa, así como aquellos donde hay derechos de televisión centralizados y control económico; en cambio, temen aquellas entidades con una elevada deuda, una masa salarial alta o en países con problemas económicos.

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